El umbral de rentabilidad, punto muerto o punto de equilibrio (break-even point en inglés), se refiere al momento en el que en un negocio los costes totales igualan los ingresos totales por ventas.

Para una empresa o negocio es relevante conocer este valor para saber a partir de qué momento su actividad empieza a generar beneficios o tener pérdidas.

 

Para poder calcular el umbral de rentabilidad necesitamos conocer una serie de variables:

  1. Costes fijos. Son aquellos gastos que la empresa realiza para producir sus productos y que nunca varían o varían con muy poca frecuencia. Algunos ejemplos los encontramos en el alquiler de instalaciones, impuestos o suministros.
  2. Costes variables. Los costes variables son aquellos gastos que se derivan de la producción o de la prestación del servicio, por lo que varían en función de cuál sea el nivel de la misma. Un ejemplo lo tenemos en las compras de materias primas que ofrecen mayores descuentos del precio total cuanto mayor sea el volumen comprado.
  3. Precio de venta. El precio al que vendemos a nuestros compradores el producto terminado.

A partir de estas tres variables podemos calcular el umbral de rentabilidad a partir de la siguiente fórmula:

Umbral de rentabilidad = costes fijos / (precio de venta – coste variable)

El precio de venta y el coste variable se cuantifican respecto a la unidad de producto. Es decir, el precio de venta en la fórmula será realmente el precio de venta unitario y el coste variable será el coste variable unitario.

 

A continuación, ponemos un ejemplo de umbral de rentabilidad en un comercio:

En el caso de la tienda de nuestra tabla, necesitamos «hacer una caja» de 425,16€ al día para llegar al umbral de rentabilidad, es decir, para quedarnos a 0, sin ganancias ni pérdidas. En la medida que disminuyan el margen o las ventas aumentarán nuestras pérdidas.

Como ya comentamos en anteriores post, las claves para el éxito de nuestro negocio parten por la 𝗥𝗲𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗲𝘀, 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗴𝗮𝘀𝘁𝗼, 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗯𝗿𝗼𝘀, 𝗿𝗲𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗽𝗮𝗴𝗼𝘀, 𝗿𝗲𝗳𝗶𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘂𝗱𝗮, 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮𝘀 𝗳𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗴𝗿𝗲𝘀𝗼𝘀, acciones todas ellas que deberán incluirse en un PLAN DE CONTINGENCIA de cara ejecutar las mismas si queremos mantener nuestro negocio a flote.

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