1.- DETECTAR el origen del problema y establecer un PLAN DE ACCIÓN INMEDIATO.

El motivo por el cual la resolución de los concursos de acreedores suele ser tan desastrosa, es porque la gran mayoría de compañías acuden a nosotros cuando ya no queda más remedio. Es como si, ante una enfermedad grave, el afectado renunciara a ir al médico ante los primeros síntomas y esperase a acudir cuando ya está en fase terminal.

Por tanto, en el momento en que detectemos alguno de los primeros síntomas, (¿Cuáles son los primeros síntomas de que nuestro negocia no va bien? ) tocará revisar las cuentas a fondo.

Con frecuencia, las pymes no tienen a nadie que se dedique a esta actividad a tiempo completo. No obstante, ante una situación de crisis inminente, es el momento de reestructurar funciones y dedicar a alguien en exclusiva durante el tiempo que sea necesario a poner en orden las cuentas: el esfuerzo merece la pena. Para evitar complicaciones futuras es fundamental detectar los problemas y aprender de ello, estableciendo los indicadores oportunos para que esta situación no se vuelva a producir.

2.- Tomar MEDIDAS ACORDES a la situación y razonables.

Reestructuración, refinanciación, recortar… . Tal vez sean las palabras más escuchadas cuando entramos en periodo de crisis. Pero no se trata de reducir o recortar por recortar, sino de hacerlo con eficiencia. Si se ha sido eficaz en la puesta en orden de las cuentas de la compañía, será mucho más fácil tomar decisiones ya que sabrá donde están los gastos superfluos para comenzar a trabajar en ellos.

En este mismo escenario, también es probable que tenga que enfrentarse al temido recorte de personal. Los números fríos pueden hacerle creer que liquidar los contratos con sueldos más altos es la mejor manera de recortar gastos, aprovechando la coyuntura. Y tal vez, así sea en el corto plazo, pero recuerde que su objetivo principal es salvar la empresa.

Debe preguntarse: ¿quién será más útil para la supervivencia de la empresa en la travesía del desierto?. Desde nuestro punto de vista, siempre aconsejamos apostar por el talento que quiera conservar para la próxima etapa de bonanza.

3.- Aplicar una POLÍTICA DE COMUNICACIÓN adecuada con todos los públicos.

Aunque comunicar la situación, sea una de sus últimas prioridades en un momento tan complicado, en ningún caso debería ser así. Recuerde que la comunicación no es sólo la relación con la prensa. También hay que esforzarse en dar los mensajes adecuados a otros públicos como son, en este caso: trabajadores, proveedores, bancos y sobre todo, los posibles inversores.

Esto significa que, si está convencido de que su empresa es viable, deber realizar un informe simple, pero lo suficientemente atractivo como para transmitir ese mensaje. Con éste, deberá convencer a los bancos que refinanciando los plazos de sus deudas podrá pagarlos y, además, atraer a posibles inversores para que inyecten dinero como capital nuevo.

4.- Aprovechar al máximo el PRE-CONCURSO de acreedores.

Antes de solicitar concurso de acreedores o de correr el riesgo de que alguno de sus proveedores lo haga, es recomendable iniciar oficialmente un preconcurso.

Es decir, un proceso en el que intentará renegociar las condiciones de sus deudas sin la presión que implica tener la vigilancia del administrador concursal. La reforma de la Ley Concursal facilitó mucho las gestiones en este momento del proceso, pero para beneficiarse de esas condiciones es necesario oficializar que se está negociando con los acreedores. Por tanto, es obligatorio comunicar al juzgado que se ha iniciado este proceso. Así, paralizará toda posibilidad de que sus acreedores insten la ejecución de bienes que sean necesarios para la continuidad de su empresa. También resulta ser una buena arma para gestionar tiempos, ya que se inicia en el momento en el que a la empresa le interesa, y evita que algún acreedor pueda solicitar concurso necesario de acreedores en un momento en el que los directivos no lo esperen.

Una vez puesto en marcha el preconcurso, la actividad debe ser frenética. El tiempo apremia y apenas hay cuatro meses de plazo para solucionar los problemas financieros. La buena noticia es que con la reforma ya no es necesario llegar a un acuerdo con todos sus acreedores. Si la negociación prospera solo con algunos, los necesarios para sanear sus cuentas, podrá aplicar las decisiones a los demás. Puede pactar quitas o aplazamiento de pagos durante cinco años con el 60% de sus acreedores y todos los demás estarán obligados a aceptarlos. Si el aplazamiento sube a 10 años, tendrá que recabar el consenso del 75%, es mucho, pero al menos ya no necesitará el apoyo de la totalidad de los afectados, como sucedía hasta antes de la reforma.

5.- Dejar paso a NUEVOS SOCIOS.

Otra de las novedades de la reforma concursal es que facilita la entrada de capital nuevo en las compañías con problemas. Que un extraño entre a formar parte de la compañía se suele ver en algunas pymes como una aberración, pero en situaciones extremas puede ser la mejor manera de evitar ir a la quiebra.

En principio, la posibilidad de canjear las deudas por acciones de la empresa está pensada para las grandes compañías o grupos que tienen relación con fondos de inversión y grandes bancos. No es muy probable que el banco de una pyme quiera formar parte de su accionariado, pero darle entrada en el capital también puede ser una forma de implicar a la entidad financiera en el negocio y que tenga tanto interés como usted para que la empresa sobreviva.

Fuente: Lazarus Mng

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