Las organizaciones están expuestas a una continua y creciente amenaza de crisis. Según el informe Stronger, fitter, better: Crisis management for the resilient enterprise, elaborado por Deloitte, cerca del 60% de participantes cree que las empresas están mucho más expuestas a sufrir una crisis hoy que hace diez años. Además, creen tener todas las capacidades necesarias para afrontarlas, aunque, en muchos casos, sobreestiman su posible impacto en la compañía.

Este estudio es la continuación del realizado en 2015 (A crisis of confidence), donde se encuestó a más de 500 altos directivos y especialistas en crisis, en planes de continuidad del negocio y jefes de riesgo sobre preparación y gestión de crisis.

En esta ocasión se ha entrevistado a un total de 523 altos directivos responsables de las áreas de gestión de crisis, continuidad de negocio y riesgo de 20 países en cinco regiones: América del Norte (109 encuestados), América Latina (114), Europa (106), Oriente Próximo y África (69) y Asia-Pacífico (125).

 

La confianza supera la preparación.

El estudio hecho público este año refleja una gran brecha entre el grado de preparación de las organizaciones ante una crisis y la visión que de esta tienen los órganos de dirección. Una diferencia que se vuelve aún más evidente al indagar sobre si las organizaciones realizan o no ejercicios de simulación y preparación ante estas situaciones.Cerca del 90% de los encuestados confía en la capacidad de su organización para hacer frente a un escándalo corporativo, pero solo el 17% de las compañías han utilizado la simulación como ejercicio de preparación ante una crisis. Esta división entre percepción y realidad coincide con los resultados del estudio de 2015, en el que los miembros de la junta directiva afirmaron estar preparados para responder a una crisis, a pesar de que en la mayor parte de los casos las empresas no contaban con un manual de actuación ante ese posible escenario.

La alta dirección debe estar preparada.

Para responder a una crisis se requiere una rápida respuesta de la dirección y un buen conocimiento del entorno. La encuesta revela que casi una cuarta parte (24%) de los participantes consideran que la efectividad en el liderazgo y la toma de decisiones son dos de los mayores desafíos en la gestión de una crisis.Con el fin de ayudar a los líderes a prepararse ante una crisis, las organizaciones deben tomar medidas que los ayuden a reaccionar con rapidez. Entre ellas destacan: definir las responsabilidades y roles de los líderes con anticipación; capacitarlos a través del uso de herramientas y técnicas que puedan ayudarles a superar la crisis; identificar, mejorar y contrarrestar tendencias y estilos de liderazgo que, si bien pudieran servir como fortalezas en situaciones normales, podrían causar problemas durante una crisis.Además, la participación de la junta directiva y de la alta dirección en los ejercicios de crisis es clave para el buen aprovechamiento de estos, al igual que su implicación en el desarrollo de un plan de crisis para la organización. El 84% de los encuestados afirma que sus compañías cuentan con un plan de gestión de crisis, y aquellas empresas en las que la junta participa en su elaboración dicen que el número de crisis ha disminuido durante la última década (21%), en comparación con aquellas organizaciones donde no hay una implicación del consejo (2%).

Aprender de una crisis anterior ayuda a la preparación para el futuro.

El 80% de las organizaciones de todo el mundo ha tenido que movilizar a sus equipos de gestión de crisis al menos una vez en los últimos dos años. Los incidentes cibernéticos y de seguridad encabezan la lista de situaciones de crisis de las empresas (46% y 45% respectivamente).Después de una crisis, casi el 90% de las organizaciones han realizado revisiones de sus protocolos de actuación. De estos exámenes se percibe que muchas crisis podrían haberse evitado, algo que suele impulsar a las compañías a tomar medidas para prevenir futuras crisis. De hecho, los encuestados identificaron como una de las claves de futuro la necesidad de mejorar los sistemas de detección y alerta temprana, invertir más en la prevención y realizar un mayor esfuerzo para identificar posibles escenarios.

Los terceros son parte del problema y la solución.

Las crisis a menudo provienen de las acciones de terceros, como proveedores y socios de alianza estratégica, pero estos agentes juegan a su vez un papel importante en su gestión. Por eso, un 59% de los encuestados afirma participar en ejercicios de crisis con terceros. Incorporar a organizaciones externas y contar con la participación de los equipos internos es una parte importante para abordar y prevenir potencialmente una crisis.Las crisis no son inevitables. Muchas de ellas son eludibles gracias a la gestión empresarial de los líderes, invirtiendo en capacidades de gestión y recuperación. Esta previsión puede ayudar a las organizaciones a evitar daños mayores, en ocasiones irreparables, y que afectan directamente a la economía, a los empleados, a la marca y a la reputación.

 

Autor: Deloitte.

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